La 125

Es el modelo “125”, la fabrican en Valencia Los leones de la Madera, hacen esqueletos o armaduras para muebles tapizados.

Armadura para tapizar

Armadura para tapizar

Cuando la traje,… no puse  imaginación… no tenía ganas, no sé, el caso es que aunque me hubiera gustado bautizarla con un nombre bonito, sonoro, que dijera algo, se quedo  así, en un  simple  -Mod.125-  Con el paso del tiempo me gusta, creo que 125 le da carácter y un toque de modernidad, que le viene bien a un modelo intemporal y versátil como es este.

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Tapicería

Traje unas cuantas de una tacada, con su espíritu camaleónico se adapta bien a cualquier ambiente, lo mismo se merece la sala de espera de un medico o un dentista, que viste bien como sillas de comedor o de butaca de lectura en un rincón de pensar en el salón o en un dormitorio. Es una butaquita muy “ponible”.

Esta era la última, se había descolgado del grupo, y estorbando en cada sitio que se ponía daba tumbos por el taller, perdida, casi olvidada, con su cuerpo marcado con golpes y arañazos, productos del descuido y del abandono de quien en una época la amó.

Arrepentido y como acto de contrición me había propuesto recuperarla y darle otra vida, mejor y más acorde con su destino, fue fabricada para brillar y eso quería hacer que ocurriera, a ratos había ido reparando sus heridas, rellenando golpes y suavizando su marcada piel a pasadas de lija y cariño.

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Tapizada con tela negra y plata

Teresa apareció una mañana, venia buscando una butaca, no muy grande, no muy chica, para el salón, un hueco al lado de la ventana para sentarse a leer, a soñar, mientras cuidaba al nieto. Saque varios modelos y le ofrecí opciones de tapizado, algo  de madera vista, otras soluciones… en fin…cuando casi estaba hecho me acorde… ¡la 125!

-Tengo una-…-Quizás le cuadre- Buceando al fondo del taller, detrás del compresor gordo la encontré, era donde había ido a parar después de una sesión de lija.- Me gusta, algo así era lo que quería, pero es que tiene que ser negra-, -hay que lacarla, así que podemos darle el color que queramos-,  -y quiero que solo se vean las patas, lo demás todo tapizado-, -Teresa podemos hacerlo, tiene madera para poder tapizar todo el respaldo-, -¡vale! Si cree que quedara bien… me fio-.

Eligio una tela negra y plateada de rayas, y cierto brillo. Pinté sus patas de negro y remate sus traseras con un rosario de estrellas de plata. Había pagado mi culpa, la 125 brillaba, de todas, esta fue la más hermosa.

Cuando Teresa la vio colocada en su salón, se le humedecieron los ojos. No recuerdo cuanto le cobré, pero con aquella mirada, ya me sentí pagado

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